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Crowdlending y crowdequity: dos formas de invertir en el mercado inmobiliario

El financiamiento participativo permite que más personas accedan al mercado inmobiliario desde una plataforma digital. Sin embargo, no es lo mismo prestar dinero a un proyecto que convertirse en socio de una empresa.

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Redacción
Crowdlending y crowdequity: dos formas de invertir en el mercado inmobiliario
Foto: Unsplash / Jakub Żerdzicki

El crecimiento del financiamiento participativo está abriendo nuevas formas de invertir en proyectos inmobiliarios en el Perú. A través de plataformas digitales, distintas personas pueden aportar capital para financiar obras, comprar terrenos o acompañar el crecimiento de empresas del sector. Pero detrás de este modelo existen diferencias importantes que todo inversionista debe entender antes de tomar una decisión.

La principal diferencia está en el rol que asume quien invierte. En el crowdlending, el inversionista presta dinero bajo condiciones previamente definidas, como tasa, plazo y fechas de pago. En el crowdequity, en cambio, adquiere una participación en una empresa o proyecto, por lo que su retorno depende del resultado del negocio y no de un cronograma fijo de intereses.

Prestar dinero o participar del negocio

El crowdlending funciona como un crédito colectivo. La empresa recibe financiamiento de varios inversionistas y asume la obligación de devolver el capital más los intereses acordados. Esto ofrece mayor previsibilidad, aunque no elimina el riesgo de incumplimiento si la empresa enfrenta problemas financieros.

En el crowdequity, la lógica es distinta. El inversionista compra acciones o participaciones y se convierte en socio del negocio. Por eso, no existe una tasa fija ni una devolución garantizada del capital; el resultado dependerá de variables como el precio de venta de los inmuebles, los costos de construcción, los plazos, la velocidad de colocación y los gastos financieros, operativos y tributarios.

El crowdequity puede ser atractivo para quienes buscan participar en el mercado inmobiliario sin comprar ni administrar directamente un inmueble. También permite ingresar con montos menores y distribuir el capital entre distintos proyectos, desarrolladores o ubicaciones. Sin embargo, el inversionista debe tener claro que su dinero puede permanecer inmovilizado por más tiempo y que la rentabilidad proyectada no equivale a una rentabilidad asegurada.

La clave está en no elegir solo por la rentabilidad esperada. Antes de invertir, es necesario revisar el tipo de instrumento, el plazo, los riesgos, la información del proyecto, la experiencia del desarrollador y la forma en que se recuperará el capital. Diversificar entre distintas oportunidades no elimina el riesgo, pero puede ayudar a reducir la dependencia de un solo resultado y construir un portafolio más equilibrado.

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